Por Ernesto Veres, gerente y juez de río de la Junta de Vigilancia del río Maipo.
En Chile ya no podemos hablar del agua solo como un tema técnico o sectorial. En un país que convive con sequías recurrentes y una demanda creciente por el recurso, la eficacia en la gestión hídrica es, sencillamente, una condición para que el campo y las ciudades puedan seguir funcionando. Y esa eficacia hoy pasa, inevitablemente, por algo que hasta hace poco parecía secundario como la calidad, disponibilidad y apertura de los datos.
En la cuenca del Maipo lo hemos comprobado una y otra vez. La posibilidad de evitar racionamientos, coordinar entre usuarios con intereses distintos y enfrentar eventos extremos no depende solo de grandes obras, sino de nuestra capacidad de tomar decisiones diarias basadas en información oportuna, confiable y compartida. Gestionar bien el agua es también gestionar bien los datos.
En ese contexto, el reciente convenio entre el Centro de Información de Recursos Naturales (CIREN) y la Comisión Nacional de Riego (CNR), firmado en dependencias de la Junta de Vigilancia del río Maipo, representa mucho más que un avance tecnológico, confirma que como país empezamos a entender que la democratización de la información es una pieza central de la seguridad hídrica.
Hasta ahora, una parte relevante de la información de riego (canales, bocatomas, obras, zonas regadas, catastros, mediciones de terreno) estaba alojada en sistemas técnicos, conocida por algunos especialistas, pero difícil de usar por quienes deben tomar decisiones en el territorio: organizaciones de usuarios de agua, agricultores, municipios, servicios públicos. El convenio entre CIREN y CNR busca revertir esa lógica y dar un salto hacia los datos abiertos.
En términos concretos, el acuerdo permitirá migrar los datos espaciales que la CNR mantiene en el sistema ESSIR hacia la plataforma IDE MINAGRI del Ministerio de Agricultura, en un formato moderno, interoperable y con distintos niveles de acceso. Significa que esa información, ordenada y validada, podrá consultarse en línea a través de un visualizador, con soporte técnico y capacitación a los equipos regionales que la utilizarán en su trabajo cotidiano.
Para quienes administramos agua todos los días, esto tiene consecuencias muy prácticas. Que los datos sean públicos y estén estandarizados implica que regantes, consultores, municipios, servicios públicos, académicos y la propia Junta podremos trabajar sobre la misma “foto” del río y su infraestructura. Diseñar proyectos de riego con mejor información, priorizar inversiones, anticipar riesgos y reducir conflictos por falta de antecedentes compartidos deja de ser una aspiración y empieza a ser una posibilidad real. Es gestión basada en evidencia, disponible para todos.
Tampoco es casual que este convenio se haya sellado en la cuenca del Maipo, y no en una sala de reuniones en Santiago. La jornada en terreno junto a CIREN, CNR y la Asociación Canales del Maipo (ACM), recorriendo puntos estratégicos de la red de canales, tuvo un sentido muy claro de mostrar en vivo ese “tablero de control” donde se materializa la gestión que sostiene a la Región Metropolitana.
En el Maipo convivimos con múltiples usos del agua (agrícola, industrial, sanitario, energético, ambiental) y, sin embargo, hemos logrado construir acuerdos y protocolos que nos han permitido sortear períodos críticos sin llegar al racionamiento. Eso no es casualidad ni buena suerte, sino que es resultado de años de trabajo en telemetría, monitoreo en tiempo real, coordinación con empresas sanitarias y eléctricas y una gobernanza que se apoya en datos, no en percepciones.
Que instituciones como CIREN y CNR reconozcan esa experiencia y la utilicen como referencia nacional es una confirmación de que la profesionalización de las OUA, la modernización de sus herramientas y la transparencia en la gestión están dando resultados concretos.
En un contexto climático adverso, la gestión inteligente del agua debe descansar en tres pilares: información de calidad, gobernanza integrada y decisiones coordinadas. El convenio entre CIREN y CNR va en esa dirección, al transformar los datos en una herramienta de gestión integrada y transparente, al servicio de una política de aguas que el país aún necesita fortalecer. Llevar la gestión del agua a la era de los datos abiertos no es un eslogan, es una necesidad urgente si queremos que nuestros ríos sigan siendo la columna vertebral que sostiene a nuestras ciudades y a nuestra agricultura en las próximas décadas.

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