• La crisis hídrica que sacudió a Bogotá y Uruguay sirve como una advertencia para Chile. El río Maipo, que abastece a más de 7 millones de personas en la Región Metropolitana, ha visto su caudal disminuir casi un 25% en las últimas dos décadas, un desafío que exige una gestión urgente y una nueva conciencia colectiva sobre el uso del agua.

La grave crisis hídrica que enfrentaron Bogotá y Uruguay en los últimos años dejó una lección clara: incluso las regiones con disponibilidad hídrica histórica pueden enfrentar restricciones severas si no se gestiona el recurso a tiempo. En Chile, de acuerdo con el último informe de la DGA “aún persiste el déficit de precipitaciones y nieves a lo largo del país” y específicamente, la cuenca del Maipo enfrenta presiones que exigen un compromiso urgente para asegurar el agua del futuro.

En 2023, Uruguay, un país históricamente abundante en agua, se vio obligado a declarar una emergencia hídrica en Montevideo, debido a una sequía sin precedentes que agotó los principales embalses. Esto llevó a que el suministro de agua tuviera que mezclarse con agua del estuario del Río de la Plata, lo que generó un problema sanitario y social. Un año después, en 2024, Bogotá, una de las ciudades más grandes de la región, implementó un severo plan de racionamiento de agua por zonas para millones de personas debido a los bajos niveles en sus embalses.

Ambos casos demuestran que la seguridad hídrica no está garantizada y que la falta de previsión puede llevar a situaciones críticas.

Estos casos, recientes y cercanos, ratifican que la seguridad hídrica no está garantizada. Por eso se requiere, de forma urgente, una política de Estado que se haga cargo de esta realidad hoy, y no cuando ya no tengamos el agua suficiente para responder a toda la demanda” advierte Luis Baertl, presidente de la JVRM.

En Chile, el desafío es evidente. La región Metropolitana concentra al 40% de la población nacional y una intensa actividad agrícola e industrial -que representa el 40 % del PIB-, pero dispone de menos del 8% de la disponibilidad hídrica del país.

El río Maipo es el que abastece de agua a más de 7 millones de personas, sostiene también la agricultura, la generación de energía, la biodiversidad y otros múltiples usos urbanos. Sin embargo, en las últimas dos décadas, su caudal ha disminuido cerca de un 25 %, afectado por la megasequía prolongada, el retroceso de la nieve en la cordillera y el aumento sostenido de la demanda.

Si bien los últimos inviernos trajeron lluvias superiores al promedio a la zona central, los datos recientes muestran que la cobertura de nieve en Los Andes centrales sigue cayendo, con una pérdida estimada de un 19% por década. Según informes actualizados, al 30 de junio de 2024 la superficie cubierta por nieve era de 25.000 km², mientras que en la misma fecha de 2025 apenas superaba los 12.000 km². Esto compromete seriamente la recarga de acuíferos y la disponibilidad de agua en primavera y verano.

Además de avanzar en nueva infraestructura hidráulica, mejorar la institucionalidad y optimizar de sistemas de riego; es fundamental promover una conciencia real sobre el cuidado del agua todo nivel. La ciudad demanda como si no existiese la sequía y necesitamos un cambio profundo en nuestra forma de entender y gestionar la disponibilidad hídrica, que esté alineado con la realidad climática que enfrentamos” reflexionó Baertl.

 

Medidas en marcha

Desde el mundo agrícola se han implementado numerosas iniciativas para mejorar la eficiencia en el uso del recurso hídrico. Entre ellas se cuenta la tecnificación del riego mediante sistemas por goteo y aspersión de alta eficiencia, el uso de sensores de humedad para una programación más precisa, y la incorporación de tecnologías como la telemetría y el control remoto, que permiten monitorear y ajustar en tiempo real el agua distribuida.

En el ámbito urbano, la situación es más preocupante. Aunque la OMS recomienda un consumo promedio cercano a los 100 litros diarios por persona, en algunas comunas del sector oriente de Santiago se superan los 200 litros por habitante al día. Por ello, es clave amplificar iniciativas municipales, como la sustitución del césped tradicional por plantas nativas, que requieren entre 70 % y 90 % menos agua; la eliminación de pasto en bandejones centrales y rotondas, implementación de ordenanzas que regulan horarios de riego y campañas educativas para fomentar el uso responsable del agua.

Por su parte, Aguas Andinas ha desarrollado proyectos clave como la recarga del acuífero Mapocho Alto, que permite almacenar hasta 950 millones de litros durante la temporada lluviosa para su uso en los meses secos. Además, se encuentra en desarrollo el proyecto Biociudad, una propuesta integral que combina infraestructura verde, gestión de residuos, eficiencia hídrica y educación ambiental, apuntando a un modelo urbano más resiliente frente a la crisis climática.

Desde la Junta de Vigilancia del Río Maipo Primera Sección, trabajan continuamente para promover una gestión eficiente del recurso hídrico y promueven la articulación de esfuerzos con agricultores, autoridades, empresas y comunidades que permita enfrentar en conjunto el complejo escenario que nos impone la crisis climática. “Cuidar el agua no es solo tarea del futuro, es un deber urgente del presente. Cada gota cuenta, y depende de todos planificar adecuadamente para abastecer, sostener y dar vida a la región Metropolitana” finalizó Baertl.